navidad para tod@s

Cuando reflexiono sobre qué es para mí la navidad, siempre llego a la misma conclusión: navidad significa compartir lo mejor que tenemos.

Para las personas con capacidad para amar, que amamos a nuestros hijos e hijas, a nuestra pareja, a nuestros padres, a nuestra familia, a amigos y amigas, en definitiva, a personas que comparten un momento en nuestras vidas, es fácil hablar de la navidad. A poco que nos esforzamos, exceptuando a algún necio, que alguno habrá, es difícil encontrar a quien no lo pueda hacer. Si dejamos de lado la zona gris de cada uno, nos daremos cuenta de que, en nuestro interior, siempre hay algo positivo que ofrecer.

La ingenuidad, la franqueza, la alegría,... son algunos matices de la infancia que nos acercan también al espíritu de estos días. Cuando nace un niño o una niña, surge también una ilusión, una esperanza en que la vida sigue, una nueva apertura a todo un futuro por delante. Con el nacimiento, aparece además un camino que debe marcarse por un recorrido, con subidas y bajadas. Es una suerte ser pequeño y tener esa visión tan especial, en las casas hay algo más que tocar, un belén, un árbol mágico iluminado, la curiosidad de qué es eso, por qué no se puede coger, por qué hay que jugar con la mirada puesta en ese rincón que siempre estaba vacío, que solía pasar desapercibido y que ahora es el centro de atención diaria. En fin, sentir las navidades con pocos años es todo un ejercicio de paciencia, sobre todo las semanas previas, ya que todo se mira y casi nada se puede tocar: el turrón de la despensa, las bolas del árbol, las figuritas del belén y, lo que es más difícil de cumplir, las figuritas de chocolate. Todos los escaparates de las tiendas están repletos de cosas, cosas para Papá Noel y para los Reyes Magos que esperan ser incluidas en tantas y tantas largas cartas llenas de sueños.

Porque soñar es lo que más se hace en estos días. Se piden juguetes, cuentos, más trabajo, menos problemas, más salud, en definitiva, algo que nos ayude a conseguir que lo que tenga que venir sea mejor.

Mucho me ha reportado la maternidad, por eso reconozco que es todo un privilegio poder hacerme pequeña a través de los ojos de mi hija, a la que descubro a menudo absorta en los anuncios de la tele, en los escaparates, en las luces de las calles, en el "mira mamá, ¿qué es eso?". Es una satisfacción con la que he retomado algo que en un momento determinado, sin saber cómo ocurrió, olvidé. Me hace reconocer que los regalos más apreciados que podemos recibir en navidad es revivir de los buenos momentos, esos recuerdos que son espacios de tiempo que ocupan nuestras mentes y que se encienden de ternura y de buenas intenciones en estas fechas.

Podemos ser religiosos o no, creer en una extraordinaria historia o no. Sin embargo, los sentimientos por la navidad pueden ser universales. Con la navidad, la alegría de la vida nos inunda por dentro. La creencia en que es posible progresar nos llena el corazón, un corazón apretado que ahoga un grito reivindicando PAZ no solo dentro de él, sino en este mundo que tanto tiene por arreglar. Un deseo conjunto de que las guerras terminen, todo tipo de guerras: las de armas y las sin armas, porque las guerras del rencor y de la codicia, las del hambre y las de las desigualdades siguen siendo asignaturas pendientes.

Celebrar la navidad, desde su matiz más religioso hasta el más laico, es celebrar la esperanza de todos y de todas en que todo mejore, en definitiva, en que la paz sobre la Tierra sea real y que nos unamos para conseguirla. Ése es mi deseo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Enhorabuena Vicenta por tu blog, el escribir desata una serie de nuevas sensaciones que no son fáciles de explicar.
salu2 Paco

Gely dijo...

Como veo yo la gran mentira de lanavidad.
Las cajas de adornos luces, con miles de ácaros para empezar a decorar la casa.
Llevo unos años que he dejado esta absurda tarea, porque me fastidiaba mucho cuando abria las cajas encontrarme 3 bolas rotas, el niño Jesús sin cabeza y 5 luces menos, tambien porque me tiraba gran parte de la mañana o tarde perdiendo el tiempo para 20 días de hipocresía y luego otra mañana o tarde para ir guardando lo que sobrevivio a la gran mentira de la Navidad.

Menos mal que de todo esto me di cuenta hace ya unos años.
La Navidad es un gran engaño y sobre todo un gran negocio de las mafiosas multinacionales, porque ni el niño Jesús existe ni Papa Noel y los Reyes.